- Existen diversos grados de autismo y generalmente los síntomas aparecen a los tres años.
- Se estima que aparecen entre 10 y 20 casos por cada 10 mil menores.
El
Dr. Fernando Junior Felix especialista de la Clínica de
Paidopsiquiatría del Instituto de Servicios de Salud del Estado de
Aguascalientes (ISSEA) informó que el autismo es un trastorno del
neurodesarrollo y se caracteriza por un deterioro grave y generalizado
en la reciprocidad de la socialización, la alteración cualitativa de la
comunicación, y conductas repetitivas o inusuales.
“Cuando
al bebé no le gusta que lo abracen o que lo miren a los ojos, o cuando
no responde al cariño o al ser tocado, los padres tienen razón para
preocuparse ya que esta falta de receptividad puede estar acompañada de
una incapacidad para comunicarse con otros y de establecer relaciones
sociales en cualquier situación”.
La
prevalencia del autismo es de entre diez y 20 casos por cada 10,000
menores y los signos clínicos suelen aparecer a los 3 años. Este
trastorno del comportamiento se presenta con diversas intensidades y es
altamente de origen genético por lo que el riesgo relativo de tener un
segundo hijo con este diagnóstico es 20-50 veces superior que en la
población general.
Junior
Felix aseguró que los síntomas pueden ser maleables cuando el
tratamiento se inicia a principios de la infancia, realizando una
detección precoz y contando con un diagnóstico acertado.
“Los
padres que sospechan que su niño puede ser autista, deben consultar con
su médico de familia o pediatra para que los refiera a un psiquiatra de
niños y adolescentes, quien puede diagnosticar con certeza el autismo,
su nivel de severidad y determinar las medidas educacionales
apropiadas”.
El
autismo es una enfermedad y los niños autistas puede tener una
incapacidad seria para toda la vida. Sin embargo, con el tratamiento y
adiestramiento adecuado, algunos niños autistas pueden desarrollar
ciertos aspectos de independencia en sus vidas.
En
estos casos el especialista, además de tratar al niño, puede ayudar a
la familia a resolver el estrés que implica para todos los miembros de
la familia el vivir con un niño autista.
Puede
apoyar a los hermanos a enfrentar la situación y enseñarles a cómo
manejarlo, además de ayudar a los padres a resolver los problemas
emocionales que surgen y orientarlos de manera que puedan crear un
ambiente favorable para el desarrollo y la enseñanza del niño.